domingo, 30 de marzo de 2025

CUANDO LA DOCENCIA ASESINA: ADRIANA SILVIA ARMELLA


 

Por: Mateo Sebastián Silva-Buestán

 

Recientemente, las redes antisociales se han inundado de varios videos -porque ya casi nadie tiene la capacidad de consumir textos- sobre el caso de una docente argentina quien falleció, el pasado veinte de marzo, tras una reunión con padres de familia. Adriana Silvia Armella, ex profesora de la Escuela Normal ¨Juan Ignacio Gorriti¨, se encontraba en una ¨tensa¨ reunión con representantes cuando súbitamente se desplomó; sí, ahí, en medio del salón de clases donde se llevaba susodicho encuentro. Pese a la atención médica, Adriana, de cincuenta y seis años, pereció horas más tarde. Accidente cerebro vascular, informaron los galenos. Presión, estrés, exigencia, burocracia, mala remuneración, violencia laboral, aseveraron los docentes.    

Tan lamentable evento ha puesto sobre la mesa un serio debate acerca de esta peligrosa profesión que asesina. Tal parece que el fenómeno de la muy maltratada docencia trasciende fronteras y no depende de si la institución responde a una administración fiscal o particular, ni de si se encuentra en una zona rural o urbana, mucho menos del país donde se la ejerza. ¡Nos barren parejo, atento lector!

En dichos videos que comentábamos al principio, esos famosos reels que circulan en las urdiembres digitales, no ha faltado la sarta de peleles oportunistas que, para pescar likes y followers, dan consejos a diestra y siniestra sobre cómo cuidar la salud mental, cómo administrar el tiempo e invitan, cínicamente, a su plan de coaching, a su paupérrima terapia basada en escribir notas para luego quemarlas, a sus horrendas prácticas de mindfulness y a probar sus ponzoñosas inteligencias artificiales que intentan reemplazar el poco intelecto que nos queda.   

No se deje engañar, querido lector. Conocido es el adagio que define al pesimista como un optimista informado. En este sentido, un fin de semana, unas velas aromáticas, un café, una fiesta, caminar descalzos sobre césped no curará el problema de raíz, ni siquiera funcionará como medida paliativa, no sea iluso. Y ya que están en boga tantos y superfluos neo extranjerismos: la única y definitiva solución para el síndrome burnout docente es la completa destrucción y restructuración de ese maltrecho sistema educativo que ni en Japón, ni en Finlandia -mucho menos en Ecuador- ha servido para construir (del dizque constructivismo) una mejor sociedad. Si no me cree, asómese a la ventana, virtual o real, y constate la podredumbre en la que la humanidad se hunde.     

Pese a todo, aquí estamos, hoy domingo, suscribiendo tenebrosamente estas líneas, pensando en la clase de mañana, en la planificación mensual y en no desvanecernos ante el sistema que nos carcome vivos.

S.O.S.