Para: Joderse Los Sentimientos
Quizá Aguilar no
debió jamás acercarse, si quiera, al mundo de Agustina; quizá nunca debieron
coincidir; quizá Aguilar no debió haber escrito estas líneas, ni mucho menos
pretender, en aquel buen y entrañable tiempo pasado, si es que cabe la palabra,
¨salvarla¨ del mundillo que circundaba y circunda a Agustina y que tanto detestaba
y detesta Aguilar. Quizá Agustina no debió tocar la pierna de Aguilar en tan
dichosa velada cuando sus labios, en ebrios besos, hubieron de juntarse y
cubrirse de una perfumada miel que hoy sabe al más triste e irresoluto de los
despechos. Quizá Aguilar, esa misma noche, no debió responder al contacto de
Agustina.
Pero ahora
entiendo, amigo Sancho, la pequeña pero gran y abismal diferencia entre Aguilar
-el de la novela esa que vos PJLS
también leíste, al igual que otros tantos libros que forman nuestro, quizá,
punto más cercano y única cosa común- y este modesto y muy sincero relator. Y
es que la cuestión radica, hermano Sancho, en que ese Aguilar siempre estuvo
para Agustina, como una constante infinita, como el papel que sempiterno presto
se muestra a la pluma. Déjame decirte, querido Sancho que, en este bastante
particular caso, las cosas sucedieron de otro modo, diríamos pues, totalmente a
la inversa: Agustina lo hizo todo; este Aguilar, bueno, se limitaba.
Quizá este
Aguilar, amigo Sancho, ser pútrido y usurero, buscaba solamente generar y
generarse dolor, ahorcarse con los invisibles hilos de un estridente
sentimiento que carcome sus débiles tuétanos y ahoga hasta la horrenda asfixia
sus blandos sentires que siempre fueron disfrazados con enormes muestras de la
más vil y sarcástica arrogancia. Y ahora sufro, hermano Sancho, como un puberto
a quien Agustina, una niña de fuego en los cabellos, por finalmente despertar
del largo letargo, ha destrozado el sentimiento de este Aguilar, de este
Quijote.
Ayer pasé por
San Sebastián, por San Sebastián, por San Sebastián donde Seniergues fue
ajusticiado. Quizá, ahora que el panorama luce claro, querido Sancho, este
modesto y muy sincero relator, busque, metaforizado o no, el destino de tan
prestigioso francés. De hecho, amigo Sancho, me siento ya ajusticiado por vos
PJLS. Y enhorabuena que así sea. ¡Chapeau!
Ayer pasé por
San Sebastián, por San Sebastián, por San Sebastián.
Quizá, mi único
amigo Sancho, Agustina lea este disparate. Quizá, mi fiel escudero, Agustina se
verá conversa en mi bella Dulcinea del Toboso. Sabes de lo que hablo Sancho,
aquella mujer que amo -y que hasta ahora lo noté-, pero que no existe mas que
en mi reprimida memoria, pues es tarde ya.
En todo caso,
hermano Sancho, aventuras tuvimos. Baja ya de tu estúpido jumento y acompaña a este
caballero de triste figura que, jinete solitario -puto cliché-: tuvo que
perderte para notarlo.
Bebe conmigo,
querido Sancho, el más amargo de los tragos. Dejemos que las musas nos
abstraigan a sus mundos. Ya cuando despertemos, te seguiré relatando.
MSSB