miércoles, 12 de noviembre de 2025

DISPARATES DE UN AMOR IN-CON-CLU-SO

 

Para: Joderse Los Sentimientos

 

Quizá Aguilar no debió jamás acercarse, si quiera, al mundo de Agustina; quizá nunca debieron coincidir; quizá Aguilar no debió haber escrito estas líneas, ni mucho menos pretender, en aquel buen y entrañable tiempo pasado, si es que cabe la palabra, ¨salvarla¨ del mundillo que circundaba y circunda a Agustina y que tanto detestaba y detesta Aguilar. Quizá Agustina no debió tocar la pierna de Aguilar en tan dichosa velada cuando sus labios, en ebrios besos, hubieron de juntarse y cubrirse de una perfumada miel que hoy sabe al más triste e irresoluto de los despechos. Quizá Aguilar, esa misma noche, no debió responder al contacto de Agustina.

Pero ahora entiendo, amigo Sancho, la pequeña pero gran y abismal diferencia entre Aguilar -el de la novela esa que vos PJLS también leíste, al igual que otros tantos libros que forman nuestro, quizá, punto más cercano y única cosa común- y este modesto y muy sincero relator. Y es que la cuestión radica, hermano Sancho, en que ese Aguilar siempre estuvo para Agustina, como una constante infinita, como el papel que sempiterno presto se muestra a la pluma. Déjame decirte, querido Sancho que, en este bastante particular caso, las cosas sucedieron de otro modo, diríamos pues, totalmente a la inversa: Agustina lo hizo todo; este Aguilar, bueno, se limitaba.

Quizá este Aguilar, amigo Sancho, ser pútrido y usurero, buscaba solamente generar y generarse dolor, ahorcarse con los invisibles hilos de un estridente sentimiento que carcome sus débiles tuétanos y ahoga hasta la horrenda asfixia sus blandos sentires que siempre fueron disfrazados con enormes muestras de la más vil y sarcástica arrogancia. Y ahora sufro, hermano Sancho, como un puberto a quien Agustina, una niña de fuego en los cabellos, por finalmente despertar del largo letargo, ha destrozado el sentimiento de este Aguilar, de este Quijote.

Ayer pasé por San Sebastián, por San Sebastián, por San Sebastián donde Seniergues fue ajusticiado. Quizá, ahora que el panorama luce claro, querido Sancho, este modesto y muy sincero relator, busque, metaforizado o no, el destino de tan prestigioso francés. De hecho, amigo Sancho, me siento ya ajusticiado por vos PJLS. Y enhorabuena que así sea. ¡Chapeau!

Ayer pasé por San Sebastián, por San Sebastián, por San Sebastián.

Quizá, mi único amigo Sancho, Agustina lea este disparate. Quizá, mi fiel escudero, Agustina se verá conversa en mi bella Dulcinea del Toboso. Sabes de lo que hablo Sancho, aquella mujer que amo -y que hasta ahora lo noté-, pero que no existe mas que en mi reprimida memoria, pues es tarde ya.

En todo caso, hermano Sancho, aventuras tuvimos. Baja ya de tu estúpido jumento y acompaña a este caballero de triste figura que, jinete solitario -puto cliché-: tuvo que perderte para notarlo.

 

Bebe conmigo, querido Sancho, el más amargo de los tragos. Dejemos que las musas nos abstraigan a sus mundos. Ya cuando despertemos, te seguiré relatando.

MSSB

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