jueves, 19 de diciembre de 2024

EL AVISO DE LO FATAL, YA DISPONIBLE PARA SU DESCARGA


Video de presentación del poemario El aviso de lo fatal de Mateo S. Silva-Buestán

La Editorial Centro de Estudios Sociales de América Latina CES-AL y LA TRIBUNA INTERNACIONAL LA CLAVE ponen a disposición la descarga gratuita del último libro de Mateo S. Silva-Buestán: El aviso de lo fatal

DESCARGUE AQUÍ EL LIBRO

Del mismo modo, mantenemos nuestra filosofía de Compartir y Democratizar el Conocimiento, por lo que aceptamos propuestas de publicación.


¡Será hasta entonces! 




domingo, 15 de diciembre de 2024

INVITACIÓN AL LANZAMIENTO: EL AVISO DE LO FATAL


MSSB 


Y cerramos el año con un fatal aviso... 

La Editorial Centro de Estudios Sociales de América Latina CES-AL y La Tribuna Internacional LA CLAVE tienen el agrado de invitar al lanzamiento del cuarto libro, primer poemario: El aviso de lo fatal de Mateo Sebastián Silva-Buestán.                                                                                                                                                  
El evento, que será virtual, tendrá lugar el día jueves 19 de diciembre a las 18h30, a través del siguiente enlace: 

El encuentro contará con la presencia, desde Colombia, de la Dra. Jacqueline Murillo Garnica, prologuista de la obra y de la Srta. María Paz Uguña Andrade, diseñadora de la portada, bajo la moderación de la Srta. Diana Hurtado. 

¡Hasta entonces! 


Dra. Jacqueline Murillo Garnica

 


Ma. Paz Uguña Andrade





Diana Hurtado



miércoles, 4 de diciembre de 2024

PRÓXIMO LANZAMIENTO: EL AVISO DE LO FATAL

 


La Editorial Centro de Estudios Sociales de América Latina CES-AL, que cumplía seis años de vida el pasado noviembre, anuncia el próximo lanzamiento del cuarto libro de Mateo S. Silva-Buestán. El aviso de lo fatal es un compilatorio de veinte y siete poemas -dígase, acaso, poemario- prologado por la Dra. Jacqueline Murillo Garnica y cuya portada fue diseñada por Ma. Paz Uguña Andrade. 

Seguiremos informando,   

domingo, 24 de noviembre de 2024

BREVE ROMANCE DE ¨EL TULLIDO¨

Por: MSSB 


Yacía sobresaltado, aún excitado, adormecido de placer sobre su público y mil veces marchito vientre. De su intimidad todavía emanaba el fresco olor a orines que, apenas un minuto y medio antes, ella, en un rincón de su triste cuartucho lleno de libido, había depositado sin vergüenza, ni recato, ni recipiente. Quizá por ello no tenía reparo alguno en ofrecerme sus servicios, a mí: ¨El tullido¨. Seguro que su entera falta de glamour, de pudor, incluso para su oficio, fue el argumento perfecto para que mis colegas me convencieran, la contactaran y pactaran mi cita.

En la oscuridad apenas podía vislumbrar su figura. He de confesar que asistí a verla sin esperanza y presto a los nuevos apodos que sobre mí caerían; sin embargo, ella devolvió la felicidad a mi bragueta. Es que hube de ser ¨El tullido¨ por largo rato, no podía hacérselo ni a las más bondadosas, voluptuosas, prestas e inocentes jovencitas. ¡Ah, pero eso es el pasado! Gracias a ella, ahora mis colegas aplaudirán mis hazañas y podré jactarme con cuantas doñas, mamas y niñas me pongan en frente, de espaldas, horizontales, verticales, como sea. 

Todo esto lo maquinaba recostado sobre su público y glorioso vientre. Levanté la cabeza, apercibí sus orines y supe que se chorreaban, por la crujiente madera, ya alrededor del catre, era así, lo notaba. Entonces decidí irme, no quería ensuciarme mínimamente con sus pestilentes sustancias. Ella, recostada hacia arriba, estuvo siempre impertérrita, muda, no lanzó ni un quejido, menos una sola muestra de placer o dolor.

Me levanté. Luego de toda aquella orgiástica, exuberante y extraordinaria faena, hube de acomodarme el ¨clériman¨ y partí, taciturno, satisfecho, calle abajo, pues todo lo que viene de nosotros está abajo, como desplazado hacia el sur; allá tenía que ofrecer una importante misa.

 

domingo, 17 de noviembre de 2024

PUROS E IMPUROS

Por: MSSB

 

Y aquel virgen rejunte de palabras

al que, de lejos, se conoce como verso;

esas bellas líneas grisáceas que

solo habitan en los labios de las musas,

que revolotean, oníricas, en exiguos intelectos furtivos,

indecible sinestesia que sus trazos transmutan,

diáfana casta alcurnia de líricas prodigiosas.   

 

Y yo triste humano contemplo, de mi pluma, el verso inacabado,

el verso insatisfecho que sufre converso en decadente,

que me mira fisgón, con saña y mofa.

Con sarcasmo que lastima:

¡Inenarrable el verso y el poema!

Impureza, suciedad, hediondez,

angustia eterna del mohíno y simple ¨poeta¨.  

domingo, 10 de noviembre de 2024

BARRUNTO...

Por: MSSB

 

Luego de habernos privado de los faros

empezaron por la fuente de existencia y razón,

hubieron de dejarnos secos, angustiosos y petrificados

con la desazón chorreante como miel por nuestros labios cerrados.

Al final royeron, parsimoniosos, nuestras vidas; 

febrilmente apenas mascullamos el inmenso dolor.

Y ya muertos, bien muertos, completamente muertos:

enterrados o quemados

-aún obsecuentes a sus designios y voluntades-

reprochamos al D(d)ios equivocado los frutos de nuestra culpa,

la carencia, la miseria y la tentación.

martes, 10 de septiembre de 2024

¡QUÉ PARTIDO! A UN PASITO DEL MUNDIAL

 

Fuente: depor


Por: MSSB 

Si usted ha accedido a estas líneas atraído por tan exuberante título, déjeme decirle que ha mordido el anzuelo, pues del dizque rey de los deportes no tenemos ni idea, ni la queremos tener. En contraparte, no necesitamos ser profundos conocedores para revelar que una ¨nación¨ que le presta más atención a un encuentro deportivo que a las temáticas en verdad relevantes que las hay ¨a millares surgir¨, es una ¨nación¨ de lucios cascos y paupérrima sal en la mollera.

Y es que preferimos memorizarnos la alineación de semejante partido en lugar de al menos conocer los binomios presidenciables que buena tajada se llevarán para sus veleidosas campañas. Nos da más gusto gritar a todo pulmón un gol que las injusticias que son pan, leche y café de cada día. Nos sentimos más cómodos frente a las modernas pantallas esas que ante una ventana que dilucida la atosigante realidad que socava allá afuera: sequía hidrológica, delincuencia, desempleo, corrupción, severos cambios climáticos, vejaciones de todo tipo, la réproba ¨viveza criolla¨.  

Cuánta alegría nos da ver al coterráneo de nuestro lado festejar la victoria futbolera y lo abrazamos y saltamos de júbilo y goce total, cuando bien sabido es que en el primer semáforo lo insultamos, en el trabajo lo desacreditamos, en la calle lo pisoteamos y a la distancia le arrojamos lapos... Debemos sorprendernos, pues qué bien hacemos el papel de hipócritas y buenas personas, ya dejemos de fingir, somos una sarta de tontos-vivos, correveidiles mamporreros que padecemos de grave aporofobia y un severo síndrome que consiste en dejar que nos ultrajen sin presentar protesta alguna. ¡Ah!, pero qué golazo que marcaron hoy y qué partido que jugaron, a eso se le llama ponerse y sudar la camiseta.

Llenamos un estadio; sin embargo, no tenemos remota idea de teatro, de cine no comercial, de museos, de sitios arqueológicos, de lectura, de cualquier manifestación que aperciba ligeramente a cultura. ¡Ay pobre ecuatorianito! Eufemismos más, disfemismos menos: del tercer mundo mismo somos.          

¨Indignados tus hijos del yugo...¨ 

Fuente: Observatorio Político Libertario-Uruguay


domingo, 8 de septiembre de 2024

EL INTRUSO


Por: MSSB

Me molieron a palos, como a cibera, pero fue mi culpa, me ganaron las ganas de mordisquear esa piel y fui a meterme entre las sábanas de la hija mayor, la del sueño más liviano; cuando ella pega el grito es que me descubren, me rodean y me estampan contra el piso de madera. Lo cínico del asunto es que llevaba en esa casa semanas sin que nadie siquiera sospeche mi intromisión. Entré por la puerta principal, cómo más si no, cuando habían salido a visitar a una familiar cercana que, según decían en cada cena, tenía los días contados, de buen cuero y mil rabias debe ser la vieja que hasta ahora la parca no se atreve a llevarla, no como a mí que cuento esto desde algún lugar extraterrenal, pero ese es otro asunto que no merece mi pena abordarlo ahora. Regresemos a lo que nos concierne. Así vivía entre ellos: sin que lo noten y, pese a que pasé inadvertido, llegué a sentirme parte del hogar. Para muestra un basta un botón: compartía con esa familia, mi familia, absolutamente todo, desde un antojito de medianoche hasta el más incómodo de los secretos, que de haberlos los hay y en abundancia, como el eterno encono que se tienen padre e hijo o el abortivo embarazo de la hija -del que por cierto la madre algo sabe- a la que quise saborear y resulté apaleado. Había noches en las que mi insensatez y descuidos estaban a punto de exhibirme, dado que disfruto desplazarme en la oscuridad y, por más insignificantes que resulten mis pisadas, en la taciturna noche cada sonido retumba como los sollozos de Eco. Fue entonces que aquella madrugada, mientras la veía dormir, un no sé qué me puso la ¨piel¨ de gallina y sin considerar las consecuencias trepé a su lecho. Desde allí aprecié su belleza durmiente, su fina piel y enredado cabello y me dispuse a recorrerla. En un principio, soltó una risita que de a poco se tornaba incómoda a la par que me dejaba caer enteramente sobre ella. De pronto no pude más, no aguanté, no resistí… la mordí. Ella gritó, fue un alarido terrible, su chillido me rompió los tímpanos, según he oído que así se llaman. Quedé desorientado. En precipitada carrera se puso en pie y corrió a encender la luz. Asumo que no le gusté, pues sus gimoteos se transformaron en gritos de desespero. Lo siguiente fue macabro. Toda la familia sobre mí a palos. El primer golpe certero lo recibí junto a la almohada que tenía todavía el aroma de la dulce muchacha. Luego caí. Ya tumbado una reverenda paliza me dejó al borde de la muerte. Ella me propinó la última estocada. Yo estaba paralizado. La vi alzar los brazos, arma en mano. Antes del fatal impacto, aunque no me lo crea, recobré la consciencia y susurré para mis adentros: Esto es todo, fue suficiente para mí, un triste roedor. 


viernes, 23 de agosto de 2024

EL MALO Y LA GUARICANDILLA

  

Imagen cedida por alguna I.A.


Por: MSSB

-Papá Belisario, ¿qué es guaricandilla?

-¡¡¡PUTA!!!

Esto me lo contó el hombre que tiene, en cada uno de sus antebrazos, un pedazo de platino, o al menos es lo que decía y, para disipar las dudas, de tanto en tanto, por si las moscas, ponía sobre su metálica piel cualquier palma y dedos ajenos, porque más de una vez lo habían tildado de esa palabra que él ni siquiera conocía el significado: mitómano. Como sea, él me contó y le creí, que a quien habrían de apodar, en un futuro no muy lejano, ¨El Malo¨, un tipo que aborrecía el jolgorio, detestaba la algarabía, abominaba las risas de las gentes e incluso el compartir con ellas espacios abiertos o cerrados, tuvo que ir obligado, como tantos otros, a ese país del norte del que algunos regresan ¨alzados¨ e insoportables y otros ya ni se molestan en volver, por no recordar a quienes ni llegan. Sin embargo, ¨El Malo¨, según el testimonio de mi informante, podía ir y venir cuando le roncaba la gana, pues era de los afortunados que poseían uno de esos infaustos permisos para entrar y salir de la tierra de la diz-que libertad en cualquier momento mientras el bolsillo no se achique. Me dijo además que las finanzas de ¨El Malo¨, apenas pisado la Roosevelt, dieron un vuelco que hizo que todos los ojos de su familia volvieran sobre él, tan despreciado, maldecido, sucio y harapiento que salió, casi huyendo, de su patria. Un vuelco que enseguida le hizo olvidar la espantosa chacra que cruzó, la desértica arena en sus ojos, el sabor de sus orines para no morir deshidratado e incluso esa agua babosa del abrevadero vacuno que en una soleada tarde de desespero bebió sin otra alternativa, ahí, alado de una casucha en medio de la nada, en uno de esos estados fronterizos donde el más macho suspira. Un vuelco económico que el Estado, padrastro de todos, contempló aliviado, pues ¨El Malo¨ y quienes se beneficiaban de sus remesas dejaron de ser un efecto colateral de políticas neoliberales de antaño, aunque quizá siempre fueron vagos, sí, es más fácil convencerse de ello. Su ancha y desfigurada nariz, altísimo porte, cuantiosos ingresos e inglés con acento andino terminaron por convertirlo en un popular personaje paisano por plazas públicas del país del norte, me dijo el mitómano.

Esto también me contó el hombre de los platinos, que ¨El Malo¨, cuando ya era ¨legal¨ -supo a qué leguleyo acudir- estableció una pequeña empresa dedicada al arreglo de las casotas de los gringos -tan cómodos ellos que a diferencia nuestra pagan para la tarde a alguien que les arregle la boquilla que se descompuso en la mañana-, factoría a su mando que curiosamente contrataba exclusivamente a ¨ilegales¨ para sus faenas. Mi relator trabajaba para ¨El Malo¨, pintando, porque sus abollados brazos, producto de una escaramuza callejera, le brindaron, contra todo pronóstico, notoria habilidad con la brocha, además de que la mano hispana e ¨ilegal¨ se limitaba a extendidas y cansadas labores físicas, de hecho, qué más podría hacer un triste y solitario ecuatoriano sino someterse a la malicia de sus compatriotas de doble nacionalidad. Cierto día, prosigue, en que una pared daba problemas de empaste, ¨El Malo¨ metió a la casa, a toda prisa, a un hombre joven, famélico, casi moribundo, recién pasado por el hueco. Cualquiera que los hubiese visto juntos apostaba a su madre que no tenían ningún lazo sanguíneo, hubiera perdido a su vieja: el hombrecillo famélico y ¨El Malo¨ eran primos hermanos. Varios son los recuerdos del bozalón junto al par de primos. Una vez fueron a un bar donde atendían caribeñas de todo el continente y gringas de las más desafortunadas, un lugar donde con cada copa se disolvía la castidad y se eructaba lujuria y concupiscencia, donde la propina no se daba solamente por servir tragos. Él mismo había visto a los primos entrar, por turnos, con la misma mujer a aquella habitación de intermitentes luces rojas y espejos retorcidos. Y después los vio gozarse del momento y de su hazaña. Vaya que la empresa de ¨El Malo¨, los brazos del hombre platino y la habilidad para el bricolaje del muchacho facturaban en tierras angloparlantes.

Esto, como era de esperarse, también me lo contó él mismo. Luego de que la madre de ¨La Guaricandilla¨, vaya Dios a saber por qué razones, saltó del puente que se levantaba imponente sobre una acequia de filosas rocas, ella, niña inocente todavía, quedó al encargo del hermano de su padre, Belisario, quien no tenía reparos en demostrar a su sobrina, ora sus amores, ora su rabia acumulada. Así creció ¨La Guaricandilla¨ entre las nalgadas y las braguetas de Belisario, hombre que a pesar de sus ataques de iracunda pasión era un buen sujeto, jamás le hizo faltar ni el pan de cada día, ni la colada de cada noche. Cuando joven era vigoroso trabajador del ingenio azucarero, ese con nombre de estrella que tiene historia sangrienta, hasta que una negligencia laboral, de la pocas reconocidas allí, una encolerizada borrachera de un capataz de ¨El Bombita¨ que le machucó con su oz a propósito, lo dejó sin los dedos de su diestra. Si bien la pensión a la que se hizo acreedor de por vida no le avanzaba para mantenerse -él y su sobrina-, se buscaba en la baraja las cuentas para salir ¨tablas¨, vaya destreza de Belisario, apostar, jugar y ganar el Rumi y el Cuarenta con solo cinco dedos. De los entornos de la juerga, Belisario conocía a su gran amigo, compañero azucarero también, ¨El Zorro¨, que era ¨coyote¨ -término, según mi informante, referido a transportistas de personas- y a quien en determinado instante le pareció buena idea presentarle a su sobrina, sin saber que aquella decisión le haría estremecer el tuétano y arrepentirse por el resto de su vida. Y así fue. No siendo amor a primera vista, ¨La Guaricandilla¨ al percatarse del morbo con el que ¨El Zorro¨ la miraba aceptó la cuasi insinuación que este le hizo. Belisario, en un principio, sintió orgullo de sí, pues, como gran estratega que era, se festejaba cada triunfo; de este modo, la primera parte del plan estaba completada, no quedaba más que ¨El Zorro¨ se le lleve a la sobrina para el ¨otro lado¨ y así liberarse de ella para siempre. Y otra vez, así fue. Belisario no pudo contener las lágrimas de felicidad cuando vio a ¨La Guaricandilla¨ empacar sus paupérrimas pertenencias, escupirle en el rostro, bofetearlo con ganas, clavarle las uñas y azotarle la puerta.

Esto, asimismo, me contó quien llevaba mascullados los brazos. A mitad del trayecto, en uno de esos países del centro, ¨El Zorro¨ reflexionaba su disparata, alocada y precipitada acción de traerse a la muchacha consigo, si él no iba a quedarse en el país del norte, si no la quería y, para colmo, ya la había usado tantas veces que el deseo se evaporó como coyote que persigue su presa. Una vez este cúmulo de pensamientos acudieron a su mente, ¨El Zorro¨ que no figuraba como caballero cortés ni delicado, trató por el resto del periplo a la pobre ¨Guaricandilla¨ como el pastún al hazara, el nazi al judío, el judío al palestino; ella, que ya estaba acostumbrada a tratos medievales, se contentó con la idea de que en algo como un mes caminaría por avenidas gigantescas y vería rascacielos infinitos.  

Esto, de la misma manera, contome el aedo contemporáneo. He aquí por qué ¨El Malo¨ hubo de ser apodado ¨El Malo¨ y ¨La Guaricandilla¨, ¨Guaricandilla¨. En una de sus andanzas, el trío compuesto por ¨El Malo¨, su primo y el hombre que lleva platino descubrieron, en uno de esos bares que no eran más que lupanares camuflados, un montón de muchachitas nuevas, entre ellas a ¨La Guaricandilla¨. El primo, dispuesto a llevársela a la pieza, pues una coterránea le excitaba de sobremanera, sintió que ¨El Malo¨ lo agarró del hombro y le pidió respeto al menos por compartir una inmensa deuda externa y un intenso bagaje cultural. ¨El Malo¨ que no era tonto, pero sí enamoradizo acercose a la manceba y así, al despiste, propúsole ayudarla y sacarla de esa peculiarísima condición. Todo este escenario resultaba, en efecto, surrealista, pero se debe considerar que es el país del norte, donde lo imposible acaece, donde la vida se muestra no apta para los ordinarios, ni para los sorprendidos. ¨La Guaricandilla¨ que cabía perfectamente dentro de la definición: tonta-viva aceptó, con sutil humildad, el vulgar palabrerío, ¨Conmigo vivirás como reina, mi ´amors´ -porque así lo pronunciaba-. Nunca más tendrás que trabajar, mi ´amors´, lo que usted me diga se hará reinita mía¨. La chica que, por su naturaleza, de la que por cierto el responsable era su tío Belisario, estaba dispuesta a venderse por sobrevivir o, en este caso, por establecerse como una respetable señora en tierras impropias aceptó términos y condiciones de ¨El Malo¨. Vivieron felices varios meses, ella totalmente agradecida hacia él, no era más que una esposa, sin anillo, de manual: sumisa, callada, obediente, entregada en alma y sobre todo en cuerpo pese a la mala catadura de su pareja. Era tan buena mujer que les hacía de comer no solo a ¨El Malo¨, también a su primo y a quien me contó esta historia. Todos los días el primo y el hombre de los platinos degustaban comida casera preparada por las suaves y emperifolladas manos de ¨La Guaricandilla¨. Creo que fue por noviembre, luego del Día de Acción de Gracias, dice mi testigo, que el primo de ¨El Malo¨ cayó enfermo y no pudo ir a las casas de los gringos algunos días. ¨El Malo¨ que todavía no era malo sino bonachón, preocupado por la situación de su primo, mandó a otro de sus empleados a cerciorarse que no le pase ni le falte nada. El empleado, que era un cañarejo astuto, no dudó en avisarle a ¨El Malo¨, con cierta malicia, que su primo no estaba en casa y que no había seña alguna de enfermedad, lo que llamó su atención, pero no le brindó mayor importancia, dado que ese día era un día importante, le propondría casamiento a ¨La Guaricandilla¨, para que ella arregle su situación en ese país y para que finalmente se hagan llamar marido y mujer como Dios manda. Ilusionado con esta idea, ¨El Malo¨ fue a casa temprano, ojalá nunca lo hubiese hecho, trágica escena que halló: su primo y su mujer desnudos entre sus sábanas, riendo mientras a besos se atragantaban. Algo cambió para siempre dentro de él. Él que jamás fue celoso, él que ayudó sin interés al traidor de su primo y a la impura mujer que en su delante y en su alcoba le fallaron, lo hirieron de muerte. Ni siquiera les dejó levantarse de la cama. Llamó a esos uniformados que se encargan de los ¨ilegales¨: ¨la migra¨. Los denunció. Llegaron al instante. Se los llevaron. El primo le juró la muerte si se le ocurría regresar al país de la línea ecuatorial. Ya habrá de imaginarse la de chismes que se armaron, las desviaciones de la realidad y las especulaciones de la comunidad hispana. Por eso ¨El Malo¨ es malo, por la senda magnitud de su castigo y por eso ¨La Guaricandilla¨ 

Lo más grave de todo, finaliza el hombre que llevaba un pedazo de platino en cada uno de sus antebrazos, es que cuando la deportación tuvo lugar, ¨La Guaricandilla¨ ya estaba en cinta del primo de nuestro querido ¨Malo¨; al parecer este descubrió muy tarde la infidelidad de su amor. ¿Y a dónde llegó la pobre mujer con las entrañas repletas? Adonde Belisario, claro está. Ahhh, el viejo Belisario, cómo le pegó a su sobrina, no le importó su preñez, quizá por eso el niño nació medio cojo. El primo nunca apareció, dicho mejor: desapareció. Cuando el niño todavía era de brazos, ¨La Guaricandilla¨, vaya Dios a saber por qué razones, saltó del puente que se levantaba imponente sobre una acequia de filosas rocas, tal cual su madre. Cuando el niño, ya maltoncito, no dejaba de preguntar a papá Belisario las razones por las que todo el barrio le decía ¨Mira, ve, ´ay´ viene el hijo de La Guaricandilla¨. Nótese que los chismes transoceánicos viajan más rápido que remesa en fin de mes.  

Así es. Todo esto me lo contó el hombre de los platinos, a la par que afinaba detalles para su tercera ida al país del norte en caravana con el ¨El Zorro¨.    

 

miércoles, 7 de agosto de 2024

COMO NOVIA DE PUEBLO

 

Por: MSSB


No se sabe a ciencia cierta, porque hasta las ciencias tienen sus incógnitas, por qué nadie en la cuadra creía que ¨El Morochero¨ había comprado la casa esquinera en efectivo, sin cuotas, ni entradas, de golpe: diciendo y haciendo. Quizá ni él mismo lo creía puesto que ¨ay se dan parejitas las viejas chismetes diciendo que uno es una especie de lugarteniente, porque no llevo buen apellido, ni piel blanca, que qué voy yo pues a ser el dueño de semejante residencia, como dicen esas viejas fisgonas. Ah, pero tengo harta plata, más de la que ellas ostentan, hasta como para componerle las emociones a la hija menor de la vieja más escueta, la huambra esa metida en carnes, pálida y desabrida, a la que el hijo de mi compadre la dejó plantada, como inútil acacia, en el altar de esa iglesia a la que solo van los ricos¨.

No se puede omitir el detalle de la desazón, el desencanto y el morbo que esta noticia generó en toda la cuadra de esa gente de ¨sociedad¨. Los rumores de que un cholo de nombre Miguel, hijo de un mulato llamado Manuel, allegado de ¨fulano de tal¨ que parecía que iba a comprar la casa de don Camilo, puesto que ya la visitaba en reiteradas ocasiones; estos rumores que Miguel le dejó con los churos hechos a la última y regordeta hija de la señorita Martina causaron muchísima impresión y agitación, al punto que la infeliz y joven mujer temía ser vista dadas las graves acusaciones que en sus anchos hombros recaían. Simplemente no tenía perdón, ni por haberse enamorado del cholo Miguel, ni por desobedecer a su madre y hacerse de compromiso con ese pobre diablo, peor por permitirse tal humillación: que la dejen con el ramo en las manos y la permanente intacta. Estas múltiples ofensas constituían lo que en su predeterminado y refinadísimo sociolecto llamaban: una gravísima traición de clase.

No se debe olvidar el dizque poema con el que Miguel cautivó a la hija de la señorita Martina, versos que los hizo en una noche y de tirón cuando se propuso demostrar a su padre que él era capaz de enamorar a una de esas mujeres de las que Manuel, un segurata de empresa pública que cumplía con devoción sus funciones, con tanta dicha hablaba y se refería. ¨Si vieras Miguel como se peinan, como hablan, las telas que llevan, el olor que tienen, el labial rojísimo que se ponen; si vieras Miguel¨. Y el Miguel, cierta vez que su taita hubo de dejar en casa la herramienta indispensable para su trabajo: el garrote, que servía para repeler los muy injustísimos reclamos de la gente, encontrose con una parodia perfecta de la imagen de mujer a la que su padre tanto rendía pleitesía: la hija de quien hacía las veces de jefa y mandamás, la señorita Martina. Habláronse, conociéronse. En la segunda oportunidad entregole el ¨poema¨. A la tercera propúsole casamiento. Todo indicaba que esta muchacha era novel en los romances o que su físico no cabía en los cánones de su estrato y que, por ende, le tocaba contentarse con lo que le toque en lugar de escoger príncipe y principado, tal cual lo hacían sus hermanas, familiares, amigas y círculo más o menos, más menos que más, cercano.

No se debe dejar pasar el altísimo nivel literario de Miguel, ante el cual, la hija de la señorita Martina sucumbió:

Al verte no sé qué me pasa

siento mi cabeza estallar

eres tan bonita y dulce

que me enamoras cada día más y más.

Eres una princesa

y yo un pelafustán,

amor incondicional te ofrezco,

amada mía, reina de mi paz. 

 

No se conoce el tiempo exacto que la última y regordeta hija de la señorita Martina sufrió el desamor de Miguel acompañado de las injurias de los suyos, pero fue algo así como un mes, veinte días, diez y nueve horas y dieciocho minutos hasta que alguien de la cuadra se percató que, ciertamente, el ¨fulano de tal¨, que tenía por oficio la venta ambulante de morochos, le compró, mismamente, la casa a don Camilo. Entonces la atención cambió de foco y las pesquisas se centraron en ¨El Morochero¨, quien había comprado la casa esquinera, fruto del arduo trabajo, o no.     

 

lunes, 29 de julio de 2024

LOS PERROS DE ORWELL

 

Fuente: EL PAÍS

Por: MSSB

El presente texto data de junio de 2022 cuando una oleada de protestas tuvo lugar en Ecuador; sin embargo, rescatamos, modificamos y contextualizamos este escrito a la realidad venezolana de la actual y triste coyuntura. Cabe dilucidar, también, para dar por sentado, a fin que se eviten malas interpretaciones ideológicas, que la derecha ni para rascarse, ni para nada. En tanto al otro bando:

La revolución termina cuando triunfa, cuando llega al poder; pues una vez se instala, se corrompe e irremediablemente hay que combatirla, sí, con otra revolución. Por ello, la revolución, por su propia naturaleza, es un eterno e infinito círculo. Los que nos consideramos revolucionarios hemos de saber que siempre perderemos. 

Con este llamado ¨preámbulo¨, a continuación las líneas que enmarcan esta proclama.

 ¡Salud y República!

***


No es necesario aclarar la obvia referencia hallada en el título de este breve, pero rabioso manifiesto; aunque dudo que esa dizque gente, los nunca antes mejor dicho: uniformados, logren captar el mensaje.

Por ahí andan, perros de todas las razas, tamaños y pelaje, aguantando soles, lluvias bajo sus pesados, malolientes y lucios cascos, artefactos que no les permiten pensar. Por ahí andan, perros de hocicos pestilentes, duros garrotes y lustradas pezuñas, inflando sus gordos mofletes cada vez que tras una presa acuden. Por ahí andan, canes amaestrados sin criterio, sin sesos, mostrando los afilados caninos a tantos inermes transitan por su lado. Por ahí andan, algunos de ustedes, galopando, pero a esas alturas ya no se sabe si la bestia es la que anda en cuatro patas o la que monta. Otros perros van, de a dos, sobre un motor que parece desfallecer por sus pesadas lanas y que les sirve como medio de perfecta intimidación y represión. Por ahí andan, perros galardonados, bien remunerados, bien alimentados, bien equipados, prestos para perseguir, a toda prisa, y morder al que le toque. Por ahí andan, perros salvajes, presumiendo sus agallas frente a unos cuantos protestantes del común; por ahí andan, perros sumisos, con los que ya sabemos temblando ante los verdaderos terroristas de cuello blanco y pantalones caídos. Por ahí andan, jauría de abusivos; bárbaros; corruptos; déspotas; enérgicos; fascistas; gamberros; hirientes; inicuos; jodones; kilométricos lambones; maliciosos; narcisistas; ñiquiñaques; opresores; plastas; quejosos; rabiosos; sucios; traidores; usurpadores; vesánicos; …; …; y… zafios.       

¿Perro, a eso le llamas trabajo? ¿Cómo llegas, perro, a la perrera y ríes con los demás pulgosos? ¿Puedes, perro, ves a los ojos a tus cachorros, a tu acompañante y hacer como si nada? ¿Es posible para ti, perro, dormir en las noches? ¿Cómo puedes, perro, aguantar tu propio aroma, presencia y acciones?

Anda, perro, oye el silbo y corre despavorido a recibir tu croqueta de la mano del muy ¨maduro¨ cerdo orwelliano.

miércoles, 17 de julio de 2024

LA MALDICIÓN DE LA QUE DON SERAFÍN HUBO DE LIBRARSE

Por: MSSB


Sus manos quedaron tanto más gastadas que sus viejos y raídos pantalones de pana café que, en forma de ancha campana, tapaban los maltratados calzados que llevaba desatados. Taciturno, con la mirada como perdida, no solo por lo visco que ponía el alcohol a su ojo derecho, sino por la propia abstracción, don Serafín cavilaba, jadeante, sobre la golpiza que le propinó a su mujer y la barriga de su segunda hembra que ya empezaba a notársele. Y entre estas sesudas meditaciones se le fue toda la noche y gran parte de la madrugada, ahí, en el zaguán de la propiedad que le había heredado su padrino, un judío converso cristiano, de esos que además de las vejaciones, obligaba a su esposa a tener intimidad con las prendas puestas. Rememoraba este particular mientras la María lloraba y gemía en la pieza, a la par que limpiaba sus cardenales con un trapo empapado en sangre, mismo que tenía la función de dejar impecables las imágenes religiosas que abundaban en la alcoba y en la estancia. Gran finca era, de establo posesa era y de maldiciones también era.

Así pues, ha de explicarse lo que motivó a don Serafín a agredir brutalmente, una vez más, a la María. Dícese que distinguido varón, de pesada aguijada, gozaba, hace rato ya, de los favores de otra mujer ajena a la desposada en lícito casamiento. La segunda hembra, como cortésmente la llamaba Don Tarquino, íntimo compinche de Serafín, le devolvía la templanza del pellejo a las carnes y hacía que encuentre en sus muslos el vigor de la juventud pasada. El desliz no pareció agradarle a la María, quien, según Tarquino, fue la culpable de que la segunda hembra quedase embarazada.

-Así mismito le vi a la María, Serafín. Vile cuando vos fuistes adonde tu segunda hembra que ella dizque se iba al dique a remojarse. Pero ni se tocó el cuerpo, yo le vi hacer una mezcla de hierbas buenas y malas en una ollita de barro ya medio andrajosa. Luego después púsole a la olla una imagen de Santa Ana de cabeza y eso mandó corriente abajo. Yo le vi, Serafín.

Serafín, lejos de cuestionarse qué hacía Tarquino espiando a su mujer en el dique, automáticamente captó el socarrón mensaje que su amigo quería transmitirle: la María sabía de su aventurilla y le hizo brujería para que su mocita quedase preñada.  

-Pero calma, Serafín, que pa todo ay solución menos pa la muerte. Contábame mi finada mamaíta que cuando uno es víctima de brujería lo mejor, antes de ir a cualesquier curandera, es encarar al hechor de la maldad y darle una buena tunda, así que el hechizo ya no valga. 

Fue de este modo que, cuando la segunda hembra díjole a Serafín que estaba esperando un vástago suyo e hízole palpar la pequeña protuberancia de su vientre, no tuvo más remedio que aplicar la estrategia del bueno de Tarquino que en cosas del amor, el vicio y las supersticiones siempre llevaba la razón.

Una noche en la que el sol no quería caer, don Serafín, henchido en licor, convencido de la historia de Tarquino, llegó a su predio. Tumbó la puerta donde pernoctaba con María. Encontrole, como de costumbre, de rodillas rezando. De un tirón a su cabellera la puso en pie, la atestó de un sinnúmero de trompadas, manotadas, escupitajos y patadas que a la pobre apenas le quedaron fuerzas para respirar.

A la mañana siguiente de lo que se ha intentado narrar, don Serafín abandonó el zaguán con los primeros rayos de luz. Caminó meditabundo, dudoso si la paliza funcionaría o no. Asomose a la casita de adobe y techo de paja en la que residía la segunda hembra. Colocose tras una viga, afinó la vista y a través del destartalado ventanal vio las sábanas de su concubina, de la nada, tornarse carmesí, se hicieron de un fatal rojo fetal. Esto comprendía la evidencia irrefutable de que don Tarquino fue oportuno en los consejos brindados a don Serafín. Este, al presenciar el exitoso aborto, no hallo mejor dicha. Saltando sobre un solo pie, en gran seña de alegría, volvió a su casa. Entró al sitio en el que el azotamiento tuvo lugar. Allí yacía moribunda la María. Se le acercó, estrelló sus labios vehemente contra los de la molida y salió chiflando a contar las buenas nuevas a su íntimo compinche, quien lo había visto todo con burlona sonrisa.  


jueves, 4 de julio de 2024

NOSOTROS LOS INFAMADOS

Por: MSSB


Ven, llévanos a la hórrida noche de nuestra concepción

y detén, por misericordia, el espantoso acto disfrazado de amor

que nos engendra, aquí, a plasmar estas oprobiosas palabras.

O, en su defecto, extráenos del vientre, mejor antes, del miembro.

Desángranos aún no nacidos, desóllanos, así de pertenecer ahora

al Paraíso, ¡oh bendita promesa!

pues son querubines del Cielo los tiernos muertos.

 

Evita que recibamos la deshonra como bendición,

de suerte que no ruede por nuestros cuerpos la ignominia,

como nuestras lenguas por las líneas de las cuatro palmas

de aquella voluptuosa y concupiscente meretriz,

la de la habitación ocho del paupérrimo hostal,

quien perfumada en sudor transa su sagrado sexo

con sedientos de virtudes, pesquisidores de quimeras,

adoradores del ¨spleen¨ y declarados infamados.  

martes, 2 de julio de 2024

EL GOL DE ALBARRACÍN

Por: MSSB

-Aystá, aystá, aystá- mil y una onomatopeyas no podrían describir el acústico sonido de un palo de escoba cayendo estruendosamente, una y otra vez, a veces, sobre un destartalado techo de zinc, otras, sobre una gorda rata negra medio inconsciente que, esquiva, se debatía entre la vida y la muerte.

No fue hasta sendos golpazos después que Albarracín, ventrudo y mamarracho puberto de doce años, despegó los ojos y, meditabundo por la propia pereza mañanera, alcanzó a divisar a su padre y abuela fuera de casa -pues la ventana de su habitación daba a la calle- exasperados, repartiendo patadas y palo contra el lastre que tenía por invasor a un roedor de epítetos ya calcados. Muerta la rata, levantada la polvareda, cesó la bulla.

El olor a café pasado de a poco calaba en el inmundo ambiente hogareño y apenas disimulaba la pestilencia ocasionada por la escandalosa transpiración etílica del papá de Albarracín, quien la pretérita madrugada sufrió por parte de su padre, que llevaba muerto décadas, una suntuosa paliza. El occiso hubo de aparecérsele para reprenderlo por vicioso y despilfarrador. Tal delirante episodio dipsomaniaco atestiguó Albarracín. Vio a su padre entrar a lo que llamaban hogar entre tambaleos y sollozos, quejándose de los golpes que su progenitor muerto le propinaba; en determinado momento observolo caer y marcársele la seña de la beta en brazos y espalda, furibundos azotes que deshicieron cual torre de barajas la camisa que llevaba encima.

-Ya deja taitito, ya, ya, ay nomás- luego Albarracín avistó a su abuela ir al rescate de su padre. Eterno consuelo que halló este en las enaguas de su vieja, de rodillas imploraba su perdón y juraba por todos los santos que nunca en la vida bebería otra copa de licor. Ella sanaba los signos de la fusta con sus parsimoniosas palmadas que, aunque callosas, curaban el maltratado dorso.

Dicha escena mantenía a Albarracín totalmente pasmado, boquiabierto, como le decían sus compañeros de clase. Quizá lo perplejo que le resultaba el suceso lo distrajo tanto que ni pestañeó cuando, de camino al recreo, un anónimo empellón hacia abajo de sus pantalones lo dejó al descubierto. Él no se habría percatado de no ser por las chacharientas risas y su nuevo sobrenombre que sustituiría al de ¨boquiabierto¨: codorniz. Rojo y cabizbajo por la baja emoción de saberse desnudo ante todo su grado se ¨mal-subió¨ sus prendas, luego corrió a la cancha.

La pelota de trapo que difícilmente boteaba promulgaba un íntimo cariño por la zurda de Albarracín. Parecía que el muchacho se la llevaba con un imán por todo el fangoso terreno entre las piernas de sus contemporáneos. Marcó el primer tanto contra los del otro paralelo, anotación que la festejó a todo pulmón, lo hizo acreedor a infinitos, sudados y largos abrazos del resto de la plantilla. Ese gol lo fue todo. Ya no interesaba el particular drama de primera hora, ni su burlesco apodo, ni ninguna de todas las inanes ciencias que ¨aprendía¨ en un aciago salón de cuatro por cuatro. Ese gol lo fue todo, pese a que a la mañana siguiente otra rata treparía su techo, otras bebidas intoxicarían a su padre, otras befas se le harían, otro infeliz día claudicaría. Ese gol lo fue todo para nosotros los infamados.  

domingo, 23 de junio de 2024

POBRE ANIMAL

Por: MSSB

Entre la caliginosa chacra algo así como una oveja se meneaba desesperada, como si una indómita fuerza la mantuviese presidiaria, torturada. ¡Cómo balaba aquel cautivo ovino que ha sido inmolado por tantas culturas en todos los siglos! Tal escena comprendía un acaecimiento normal para todos los habitantes de la zona, pues lo que excesivamente se repite, incluso los más bizarros hábitos, tiende a volverse costumbre en el consciente colectivo de las gentes.     

Era de vérsela tullida por el establo, renga mientras pastaba, lisiada en general. Pobre animal, creía su pastor a la par que la sentenciaba a escasos días de vida, aludiendo su malestar a tantas desgracias bucólicas se apoderan de los animales rurales. Sin embargo, un particular captó la atención del ovejero, pues solamente dicha oveja era la afectada, nada más una de todo el inmenso y fecundo rebaño. Este razonamiento lo llevó a una sensata, sesuda y sagaz conclusión: custodiarla ininterrumpidamente hasta descubrir el origen de su infamia. Y así lo hizo. La vigiló todo el día desde una distancia prudente, echado sobre el césped, cubierto de frío, pero resuelto a resolver el enigma que allí lo concentraba. De tanto observar la marcada y tediosa vida ovejuna cayó dormido. Menguaba la luz natural cuando el apenas perceptible sonido de unas rápidas y pesadas zancadas lo despertaron. Abrió los ojos, se incorporó, vio a una sombra alta, metida en carnes llevarse al animal en cuestión a toda priesa en dirección hacia la tupida alquería. Mencionada empresa lo motivó a perseguirlos despavoridamente.     

El pastor, alma jadeante e inocente, no creyó cuando viola sometida a la muy viril, enferma y zángana concupiscencia de don Macario Saguay, respetado varón, legatario cacique y teniente político de su comunidad, de quien nadie creía los rumores sobre sus incestuosos actos con sus hermanas. Lleno de estupor ante la mórbida desnudez de don Macario y los estridentes balidos de su oveja, corrió, escapó, huyó, a la par que el sol zigzagueaba y los baldados balidos se desvanecían proscriptos en el espeso verde de la densa chacra.

   


jueves, 6 de junio de 2024

CUATRO INTENTOS DE MICROHISTORIAS

Por: MSSB

Ratas

Todas las noches, el desesperado mancebo escucha arañazos, raspaduras, suaves pisadas, mordiscos, chillidos diminutos en algún recóndito lugar de su hogar. ¡Oh, desordenada casa! ¡Cuántas cosas no sucedieron entre sus paredes, entre sus techos, en sus pisos! Durante el día, el sonido de los roedores se evapora como la tinta del pergamino celada por un Cryptex; pero llegado el ocaso, las ratas abandonan sus escondites y empiezan el infausto bullicio que atormenta la delicada psique del muchacho. Lo peor del caso es que ni él mismo las ha visto, simplemente las imagina: asquerosas, grandes, negras, peludas, gordas. Asimismo, solo él las puede escuchar. Con cada cenit sus ojos se tiñen de un cegador rojo y se predispone, pese a estar en casa, a sufrir con cada arañazo, raspadura, pisada, mordisco, chillido…   

Oscuridad

He sido maldecido con la capacidad de ver en las sombras, de adivinar las tinieblas, de palpar las nebulosas, de dormir despierto. ¿Qué es aquella figura dislocada que me observa, burlesca, desde el tumbado de la habitación? ¿Por qué pasea por el estuco como araña posesa, retorciéndose, de tanto en tanto, y girando por todas direcciones, en repetidas ocasiones, ese bulto que se asemeja a una cabeza? ¿Cuándo has entrado a mis aposentos, oh maldito humanoide perverso? ¡Deja ya esa risa de diantre! ¡Vete, húndete en la lobreguez de la madrugada! ¡Abandona, por siempre, la ruina de esta pieza resquebrajada, atestada por la vil existencia maltrecha de la que soy víctima perpetua!  

¿Mande?

Juan Atampam, de rodillas, con la espalda desnuda y en carne viva por los terribles fustazos que desollaban su piel morena, repetía furibundo, colérico, visceral y luego arrepentido: ¨Mande, mande, mande¨ cuando el patrón, nunca supo si criollo o mestizo, había de latiguearlo para sembrar en su memoria, a través de aquella maldita palabra, la sumisión y completa obediencia a un superior. Tales gritos y tremendo escarmiento sirvieron de ejemplar muestra para el resto. A partir de ese momento, hubo, el malnacido ¨mande¨, de quedarse por siempre en los labios de sus semejantes, -no importa si blancos o negros- compañeros de colonia. Juan Atampam todavía grita despavorido en algún campo funesto al escuchar, temblando, semejante prueba de que el patrón sigue y seguirá mandando.

Creador

Veo una triste tumba tenebrosa en medio de una sala apenas iluminada por pálidas luces blanquecinas que se debilitan a cada minuto que transcurre en su ausencia. Encuentro lloros repartidos por todos los rincones y gimoteos de la viuda todavía incrédula por la sorprendente noticia que dejó helado su palpitar. Río, puertas adentro, sobre su caja, último lugar en el que reposará, aquel hombre, por los siglos de los siglos, amén. Ahora, ahora es mi turno.


miércoles, 29 de mayo de 2024

LA PENA NO SE QUIERE ACABAR

Por: MSSB 

Él la vio, como hace más de una década, metida en una polvorienta video casetera, a través de una triste y borrosa pantalla, ahí, solo, en un territorio al que tuvo que meterse a la fuerza cuando unos petulantes otorgadores de permiso hubieron de negarle el paso ¨legal¨ a su excelentísima nación. Aún son latentes todas las mentiras preparadas que, con nervios, las recitaba de memoria; todavía siente el cosquilleo en sus piernas y el hormigueo en su vientre cuando fue su turno y ante un prepotente, que no hizo más que humillarlo y despreciarlo, agachó la cabeza como bien le habían mal-enseñado sus ancestros.

Él la vio. Al otro lado estaba una vieja que padecía estrabismo, mujer que entre lágrimas se desvanecía, añorando su presencia, sufriendo su ausencia, recordando el tiempo pasado que siempre fue mejor.       

-      - Es que la pena no se quiere acabar, chasito. Acá pasamos las fiestas con la familia. Faltastes vos, nomás, siempre nos recordamos de vos y las gracias que hacías. Cuidaraste, mijo, que dizque está caendo harta nieve en Nueva..., ¿cómo es?... Pídele, pídele la bendición a Taita Diosito, yo sí le pido que te cuide, que no te falte el trabajito, que te regrese con bien. Gracias, mijo, por los que nos mandastes, bien le quedó la chompita a tu ahijada. ¡Ay, mijo! Pena da el verte, al menos en esa foto que pusimos donde era tu cuarto, alado de esos edificios grandotes con esos buenos mozos que te han dado trabajo. Estarasles agradecido, papito, lo que su merced diga, vos servicial, como siempre. Bueno, mijito, bueno, espero oírte pronto, me despido. ¡Ay, mijo! Es que la pena no se quiere acabar.

Él la vio. Desde el otro lado se persignó acorde la vieja mujer le daba su bendición. Retiró el casete, lo acarició entre sus callosas manos, una lágrima empapó la dedicatoria que decía: ¨Cumpleaños. Navidad y Año viejo 199…¨.

 

domingo, 5 de mayo de 2024

EL DIS-PLACER DEL PLACER Y VICEVERSA

 

Por: MSSB

 

Cautivo es, del verso, el prosista;

deja en cada línea su inexistente espíritu,   

así como desvanece en otra piel aquel recuerdo,

maldita memoria que, en otras sábanas, reposa.

Infame animalejo es el hacedor de versos

quien, tras la orgiástica y placentera experiencia,

se retuerce y carcome entre exquisitos sinsabores

y aspira fastuosas bocanadas de desaire y melancolía.

Varado de amores, empapado en sudores, envuelto en lágrimas,

 sofocada en húmedos ósculos danza su perpetua culpa.

Presidiario, condenado al execrable verso.

Miserable, la ansiedad de vacío post deleite.

Quizá cuando café y alguna vulgar muestra de repostería, 

en su nombre, consuman; quizá del verso se libere el prosista.

lunes, 29 de abril de 2024

CRÓNICA DE UNA DUCHA A OSCURAS

Por: MSSB

Me encontraba bajo la regadera, casi no podía ver. No sabía cómo había llegado hasta allí, ni por qué todo estaba a oscuras, de no ser por un triste y desgastado cirio de antaño, que seguro lo tomé del inmenso cajón que alberga, entre otras cosas, objetos que alguna vez fueron sagrados. Quizá no veía, pero palpaba mi alopecia más que nunca. Bien dicen que cuando un sentido falla, los demás se afinan, es que sentía todos mis cabellos desvanecerse, sentía su indómita caída y mi cabeza desnuda y helada.   

Desperté, como de costumbre, a la madrugada, un poco pasadas las cinco, lo suficiente para decir que ¨faltaba para las seis¨. Soy un tipo bastante enfermo, despierto con el estómago hinchado, el aliento amargo, me cuesta abrir los ojos y enfocar los objetos circundantes de mi solitaria habitación, más cuando descubrí al ¨monear¨ varias veces el interruptor de lata que la luz se había ido. ¨ ¿A dónde se va? ¨, aquella interrogante me mantuvo sentado por varios minutos en el filo del catre, semidesnudo y con los hombros caídos. Concluí que la luz, literalmente, no puede ¨irse¨; noté, entonces, una falla en la popular frase y pensé en que todos repetimos, sin pensar, lo que oímos. Pero de que ¨se va¨, se va y esta mañana, nuevamente, ¨se ha ido¨.

¨ ¡Ah, mi ducha! Tan desgastada y sucia, ¿habrá hoy de darme agua caliente o fría, cristalina o amarilla? ¨, meditaba mientras con cerillo en mano trataba de encender un viejo cirio que encontré por ahí. Vaya cosa difícil raspar la cabeza de un fósforo para que prenda; si tan solo tuviera una fosforera, si no hubiese dejado de fumar, no la hubiese tirado junto al porta-tabacos de cuero café que tomé prestada, en mi lejana juventud, de un riquillo quien al negarme una ¨pitada¨ perdió dos dientes y el artefacto ya mencionado. Como fuere, afortunadamente, el agua calentó, pese a que luego se enfrió brutal y súbitamente, pude disfrutarla durante quince grandiosos segundos. ¨Tengo cuarenta años, prácticamente no tengo cabello y estoy tomando una ducha a oscuras¨, sonaba igual de graciosa tanto cuando la pensaba, como cuando la decía en voz alta, aunque nadie más iba a escucharla, ni siquiera la rata incauta con la que me di cuenta que convivo hace ya semanas y que siempre responde con un chillido a mis más desafinadas y des-orquestadas disquisiciones.    

Anoche, al igual que las últimas semanas, no pude conciliar el sueño, pues los terribles aguaceros azotan mi techo de zinc y debo esquivar las goteras, camuflándome bajo el trapo que llamo almohada. Y otra vez: no sabía cómo había llegado hasta allí, ni por qué todo estaba a oscuras.       

Me encontraba bajo la regadera, casi no podía ver… la ceguera parcial me hizo entrar en razón: una ducha a oscuras, mi amarga boca, mi prominente barriga, el porta-tabacos robado, las goteras de mi techo de zinc, mi estrambótica almohada, mi paupérrimo desamparo, una ducha a oscuras… ¿acaso alguna vez pude ver?